jueves, 11 de abril de 2019

El oeste es enigmático (2.° parte)

Y llegamos a Los Ángeles... una ciudad inmensa, muy ocupada, sin dejar de lado el tráfico. Qué hace un Jeep con placa de Michigan con pasajeros y sus cosas como sardinas en lata en ese mar de vehículos...
Precisamente, había una razón para llegar ahí. Nuestra ruta siguió hasta Culver City para poder ver después de 17 años a una persona que marcó mi vida. Tenía tantos deseos de ver al abuelito Carmelo Palazzolo y conocer también a su esposa, de poder escuchar de él sus consejos y sus palabras de ánimo. Creo que para muchos de mi generación que crecimos en Honduras, él es nuestro abuelo espiritual.
Su porte alto, su voz fuerte (Argentino de ascendencia italiana) y sus palabras directas, lo hacen una persona interesante, de respetar, de nunca decirle no. En mis recuerdos tengo tan vivas las imágenes de cada vez que él llegó a Tegucigalpa, a nuestra casa, de esas visitas misioneras que él hizo. Muchas veces se fue al mercado a repartir folletos con temas espirituales o simplemente a entablar conversaciones. Cierta vez, luego que él había estado ahí, fui con mi mami al mercado y noté que prácticamente todos los puestos tenían este póster blanco con letras negras que decía: "Aquí no se fía en día nublado, y cuando sale el sol se vende al contado. Este reglamento dura todo el día y cuando llega la noche, tampoco se fía ". Lo supe enseguida, el abuelo anduvo por ahí.
Una vez llegué de la escuela y sólo estaba él, cantando con su ánimo peculiar. Estaba haciendo ensaladas: de remolacha cruda rallada, otra de tomate con cebolla, otra era rábanos crudos cortados en forma de sombrerito... yo dije para mí: hay qué tortura... porque solo me gustaba la de la cebolla con tomate, pero de la remolacha cruda y del rábano, ¡qué martirio! Y ya estaba pensando qué excusa iba a decir para no comer, pero ahí me vio. La sonrisa que puso y dijo:
¡Prichila, mira que colorido se ve este plato, y tan saludable! Cociná el arroz y yo hago un guiso y cuando vengan la mamá y el papá le tendremos el almuerzo listo.
Pues ni modo... no pude escaparme.
Qué decir, arrasamos con todo, de ahí en adelante no dejé de comer esas otras verduras.

La noche que mi mami falleció lo llamamos. Él no vino ese año, supimos que ya su familia le había pedido que mejor quedase en casa, pues ya tenía más de 80 y sólo no era bueno que andará. Mi mami ya no lo vio entonces. Recuerdo que se quedó en silencio al otro lado de la línea. Él había conocido a mi mamá cuando ella tenía casi 11 años, y para mi madre fue su padre. Mi padre trabajó con él en la misión, así que la conexión es muy profunda. Honestamente, no tenía idea de verlo otra vez, porque para mí se me hacía imposible la idea de venir a los Estados Unidos. En febrero de 2001, exactamente el día no lo recuerdo pero sí cuando el teléfono sonó. Era él, estaba en el Toncontin y que había venido a vernos... se me hace un nudo en la garganta... nunca lo imaginé y hasta ahora todavía sigue siendo como surreal. Pero ahí estaba el abuelo. Al día siguiente fuimos al cementerio y él le llevó flores, lloramos ahí como niños, recordamos los buenos tiempos, él me contó de cuán hábil fue mi mami, una mujer de fé, una hija para él. A todo esto, prácticamente su viaje fue furtivo, ya no lo dejaban viajar solo, pero ese acto fue honestamente el gesto más grande de alguien que no tiene conexión por sangre. Dios nos pone personas especiales en el camino, sin duda alguna.
El 4 de abril fue la otra vez que lo vi después de todos estos años, ahora ya de 102 años, talvez más frágil pero aún con ese espíritu fuerte, lleno de alegría y agradecimiento. Sé que para él y su familia muchas cosas no fueron fácil, y muchos sacrificios se hicieron. Ser ministro no es trabajo de lujo, requiere la vida, las fuerzas, pasar hambre, frío, ir a lugares lejanos, no poder llevar a su familia, pero aún así, dejar un legado de fé. De esos ministros se necesitan hoy, y que no solo prediquen de un púlpito pero que también sus acciones lo demuestren. Agradezco a Dios por haber dado a Ryan las fuerzas y el deseo de llevarnos a verlo y también a su familia. Un deseo cumplido...
Llegando a Los Ángeles 

Al fin juntos otra vez

El abuelo quería que Emilio se quedara con él 😉

Hasta pronto abuelito Caramelo... 😘❤ 

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